Parroquia Nuestra Señora de Lourdes

Malvín - Montevideo - Uruguay

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Historia de la Parroquia Nuestra Señora de Lourdes

El Templo Parroquial de Malvín

Se remonta a la década del 20, el interés por levantar una capilla en la localidad de Malvín, a pesar de tratarse de un balneario cuya población permanente no era significativa y que en relación con la ciudad, se encontraba en las afueras (1). El Arzobispo de Montevideo, Mons. Dr. Juan Francisco Aragone, forma la Comisión de Damas pro Iglesia de Malvín e impulsa la obra. El 27 de marzo de 1930, escribe refiriéndose al tema: “…que pronto veamos en el mencionado paraje, levantarse una nueva casa consagrada al Señor… una obra que he acariciado por largo tiempo… tan sentida, necesaria y de tanta trascendencia para la población de Malvín, cual es dotarla de una capilla donde los fieles puedan cumplir los deberes sagrados de todo cristiano en relación a su Dios y Señor”.

 

La nueva capilla se dedica a honrar a la Santísima Virgen de Lourdes, que será desde entonces la Madre y Protectora de los malvinenses. La Sra. Angela Lozada de Rivera efectúa un importante donativo; al mismo, se suman otros aportes de personas tanto pertenecientes, como extrañas a la localidad y los conseguidos por rifas, beneficios, etc. El amplio predio, generosamente donado en memoria de don Zoilo Rosas y doña Rudecinda G. de Rosas es escriturado el 11 de marzo de 1931. La estampa del templo se concreta en líneas sencillas inspiradas en el estilo colonial, según proyecto de los arquitectos Romualdo Pessina y Raúl Francisco Dauber.

Las obras comienzan el 5 de noviembre de 1932 y al cabo de pocos meses, la torre recorta su airosa silueta sobre la soledad de entonces. El 2 de febrero de 1934, el Arzobispo Mons. Dr. Juan Francisco Aragone, firma el decreto por el que erige una nueva parroquia, con el título de Nuestra Señora de Lourdes, a contar del día 24 de febrero de 1934, asignándole como sede parroquial la capilla de Malvín. Del año 1949 datan las actuales vidrieras, que sustituyen a las sencillas originales, las molduras en las ventanas y en el ábside y los azulejos que recubren el exterior de la cúpula de la torre. En ese mismo año es clausurada la puerta de acceso por la calle Rivera y el espacio que se genera en esa fachada es decorado con el cuadro de la Inmaculada concepción realizado en azulejos, en tanto el espacio interior se dedica a venerar a Cristo Crucificado, conocido como: “el Cristo de Malvín”.

La torre de Dieste en Malvín

“El Ing. Eladio Dieste, nace en Artigas, el 10 de diciembre de 1917. Fallece en Montevideo el 19 de julio de 2000. A los 16 años, se traslada a Montevideo para proseguir sus estudios y en 1943 obtiene su título en la Facultad de Ingeniería, a la cual regresará como docente. Dieste engloba en su obra, al ingeniero, al arquitecto, al inventor, al docente, enfrentándose a los problemas constructivos con una inusual capacidad intuitiva, sustentada en sólidos conocimientos de física y mecánica. En su técnica de la cerámica armada, utiliza un material “pobre”: el humilde y antiguo ladrillo, al que abre posibilidades impensables usándolo con un profundo respeto a su esencia, consiguiendo con economía y ahorro de tiempo, espacios de gran calidad y de noble belleza, donde los valores son el orden, la sencillez, la proporción y la luz. Con excepción de los cimientos, la obra es ejecutada por un único equipo de trabajo. Dieste es docente para explicar la técnica que hace, a los obreros, apreciando su inteligencia, fuerza y coraje, despertando en ellos el compromiso y la adhesión al sentirse parte de lo que construyen. En lo referente al espacio religioso, espacio de la luz y del espíritu, espacio de celebración de la fe y del misterio eucarístico, se destacan los proyectos de Dieste para las iglesias de Atlántida en 1954 y Durazno en 1968 y la inacabada de Malvín en la década del 60. En la década del 90, a partir de los bocetos de esta iglesia para Malvín, con la participación de un equipo de arquitectos españoles y la dirección de Dieste, se proyecta y construye la Iglesia de San Juan de Ävila en Alcalá de Henares (España) que conjuga sus objetivos de funcionalidad, austeridad, fuerza y autenticidad para el espacio religioso y por la que recibe el premio de la Bienal Iberoamericana de Arquitectura e Ingeniería Civil de 1998. Tanto los criterios técnico-constructivos del Ing. Dieste, como los de economía, sencillez y sobre todo de emoción y tensión de los esfuerzos que los hacen posibles, son su gran aporte a la reciente historia de los edificios religiosos.

Para Dieste, cristiano y profundamente religioso, la vida tiene sentido y adquiere el valor sagrado que la hace trascendente, contenida en un orden universal donde, dicho con sus propias palabras “tan infinita es una gota de agua como todo el firmamento” (2).

Dos generaciones hilvanando una historia

Así como fue el inicial deseo espiritual y visión pastoral del segundo arzobispo de Montevideo, Monseñor Aragone (1919-1940), -a quien está dedicado el altar de nuestro actual templo parroquial- la incipiente comunidad en los entornos de Malvín, dedica a la Virgen de Lourdes en aquel paraje deshabitado (hoy el cruce de las calles Rivera y Michigan) una casa consagrada al Señor. Ya desde 1920 se realizaban celebraciones en una carpa, (donde se bautizaba, y se celebraban Misas y casamientos). La intuición y el sueño inicial, se continúan con el proyecto del Ingeniero Eladio Diste, en la década de los Sesenta. Este proyecto queda inconcluso, y si bien nos quedó su legado en la casa parroquial y la hermosa torre-ábside.

Durante la novena del año 2008 y con motivo del sesquicentenario de la aparición de Maria en Lourdes, el Ing. Juan Carlos Zorrilla junto al Arq. Carlos Cortazzo, han interpretado las propuestas del Consejo parroquial para unificar el sentido y la finalidad religiosa (especialmente mariana) que la generación de los malvinenses de los años sesenta habían expresado con el comienzo de la construcción del ábside, la torre de Dieste para el Templo parroquial. Con este motivo se realizó el hermoso emplazamiento cuyo centro lo tiene una imagen de la Virgen, realizada con un material pobre y sencillo como lo es el hormigón armado. El 11 de julio dentro del marco de los festejos por los 150 años de las apariciones de Lourdes a Bernardita, se hace la coronación. Este proyecto se realizó con el aporte de los fieles malvinenses, sobre quienes invocamos la bendición de Dios bajo la mediación intercesora de Lourdes.

Nuestra Iglesia de Malvín se alegra con este esfuerzo para homenajear a la Madre y desea que todos se encuentren bajo el amparo y la cercanía de María, y descienda la benevolencia y misericordia del Altísimo por don de la salud y de la paz. Desde aquí va nuestra oración. ¡Ave María, purísima, sin pecado concebida! Ruega por nosotros.

Historia y mensaje de las apariciones de la Virgen de Lourdes (3)

Todo empezó una fría mañana del invierno europeo, el 11 de febrero de 1858. Bernardita Soubirous, una chica de 14 años, con su hermana Toinette y la amiga Jeanne Abadie, va a buscar leña para la casa o algo para vender en la feria de Lourdes.

La familia Soubirous es muy pobre, sufre de hambre y de frío, vive en una celda de una antigua prisión abandonada e insalubre, conocida como “El Calabozo”. Las tres chicas ese día se dirigen hacia la gruta de Massabielle. Para llegar hasta allí deben atravesar el canal que lleva al molino de Savy. Las más chicas, a pesar del frío, se descalzan sin muchos problemas pero Bernardita titubea a causa de su enfermedad: asma y catarro. Mientras se saca los zapatos y las medias para atravesar el canal siente un ruido como una ráfaga de viento. Mira hacia atrás y ve que las ramas de los árboles están inmóviles. Se inclina nuevamente para quitarse también la otra media y vuelve a oír el mismo ruido. Esta vez ve agitarse los ramos de un rosal silvestre que crece en una cavidad de la roca, a una altura de tres metros. Una luz tenue ilumina aquella parte de la roca y, envuelta en esa luz, una jovencita maravillosa, vestida de blanco, con velo blanco y cinturón azul y una rosa dorada en cada pie, del color de la cadena de su rosario y que le sonríe. Más o menos tiene la edad de Bernardita. No habla pero con su gesto parece decirle: “no temas, acércate”. A la vidente le parece soñar. Se resfriega los ojos repetidamente pero sigue viendo aquella chica que le sonríe, entonces busca en el bolsillo el rosario, se pone de rodillas y lo reza en presencia de aquella bella señora. La visión también desgranaba su rosario, pero no movía los labios: “cuando terminé mi rosario me hizo seña que me acercara”, pero Bernardita no se animó y así la visión desapareció. Viendo a sus compañeras no puede aguantarse de preguntarles “¿no vieron nada?”. Y le comunica su visión.

Esto fue el comienzo de una grandiosa epopeya que continúa hasta nuestros días. Bernardita volverá a la gruta muchas veces conforme al pedido de la Virgen del 18 de febrero: “¿sería tan amable de venir aquí por quince días?”. El mensaje verbal de Lourdes es muy breve. En dieciocho apariciones se nos trasmiten sólo once breves frases de la Virgen. Llamativa nos parece la comprensión que el Papa Juan Pablo II presenta del “evento” Lourdes:

“Dios ha querido que María Santísima se apareciera dieciocho veces a la pequeña Bernardita, desde el 11 de febrero al 16 de julio de 1858, para dejar un mensaje de consolación y de amor a la Iglesia y a toda la humanidad. Efectivamente, en estas apariciones existe un significado que permanece siempre válido, y que hemos de custodiar y meditar como preciso patrimonio (…) En Lourdes María recordó al mundo que el sentido de la vida en la Tierra es su orientación hacia el cielo” (4).

El mismo día 18 la Virgen le confía: “No te prometo hacerte feliz en este mundo, sino en el otro”. Después de algunas apariciones silenciosas ocupadas por la contemplación y la oración: la Virgen se aparece en actitud orante y confía a Bernardita el mensaje de penitencia, el 21 de febrero: “Ruega a Dios por los pecadores”. El 24 de febrero, repite tres veces: “Penitencia” y da una nueva orden: “Ve a beber y a lavarte en la fuente”. Así se descubrió la fuente que no se agotará. El 2 de marzo y los días siguientes, hace un nuevo pedido: “Dirás a los sacerdotes que se construya una capilla en este lugar y que se venga en procesión”. Al final de la quincena, Bernardita ignora todavía quién es Aquella que se le aparece. Tres semanas después, el jueves 25 de marzo, a fuerza de insistir, obtiene la respuesta: “Yo soy la Inmaculada Concepción”.

La última aparición se da el 16 de julio, día de la Virgen del Carmen, de tardecita. Esta última aparición es silenciosa como las primeras. En Lourdes vemos la cercanía de la Virgen, que cumple con su misión maternal, que le encomendó Jesús desde la cruz: su cariño y su cuidado por nosotros.

Bernardita muere el 16 de abril de 1879, a la edad de 35 años, 21 años después de las apariciones. El mensaje espiritual en las palabras de María: invitación a la oración y a la penitencia por los pecadores; la verdadera felicidad no hay que buscarla en este mundo, sino en el otro.

Y finalmente revela su nombre, extraordinario eco a pocos años de la definición dogmática de la Inmaculada Concepción por parte del beato Papa Pio IX, el 8 de diciembre de 1854. Notamos la importancia decisiva que ha tenido en todo el desarrollo del mensaje de Lourdes la pequeña vidente. Aquí también Dios “ha mirado la humildad de su servidora” (cf Lc 1, 48).

(1) Archivo de la Curia Eclesiástica de la Arquidiócesis de Montevideo.

(2) Juan Martín Piaggio y Eduardo Dieste, en Revista “ARS SACRA”, Madrid, (1998) Nº 7, pp. 7-34.

(3) La Iglesia reconoce que “por medio de esta humilde niña, María llama a los pecadores a la conversión y promueve en la Iglesia un celo de oración y de caridad, sobre todo como servicio a los enfermos y a los pobres”, cfr. Liturgia de las Horas, día 11 de febrero, Tomo III, p 1385.

(4) Juan Pablo II, Homilía del 11 de febrero de 1987.